Un grupo de cinco danzantes suben a un poste de unos 30 metros de alto, cuatro de los danzantes se atan una cuerda a la cintura y se lanzan de cabeza al vacío con los brazos abiertos, girando alrededor del poste. Mientras, el quinto danzante permanece en la parte superior del poste tocando música autoctona con flauta (Lira) y tambor de madera hechos a mano. La flauta representa el canto de las aves y el tambor la voz de los dioses. El tronco simboliza la comunicación entre el inframundo y el mundo superior es la quinta dirección de la Tierra, en torno a la cual giran o se desenvuelven los cuatro elementos naturales: el agua, el fuego, el aire y la tierra. Una vez arriba, se hace la Ceremonia de Perdón al dios Sol para que llueva y los cuatro voladores les rinden tributo a los cuatro elementos.Los danzantes visten trajes blancos, un lienzo rojo en el pecho -que representa la sangre- ya que el descenso a la Tierra es un acto en el podrían perder la vida, y un sombrero adornado con flores, símbolo de la fertilidad con espejos representaciones del Sol y tiras de tela de colores que evocan el arco iris son la vestimenta de estos danzantes que se atan una cuerda a la cintura y se lanzan de cabeza al vacío con los brazos abiertos, girando alrededor del poste. 13 veces giran los voladores, el mismo número de meses del calendario maya; 13 giros por 4 voladores resultan en 52 que son las 52 semanas del año y cada 52 años se forma un ciclo solar, cuando nace un nuevo Sol y la vida vuelve a resurgir.
El quinto hombre es el jefe, denominado caporal. Representa al quinto sol y permanece en la parte superior del poste, tocando música con una flauta de carrizo que representa el canto de las aves y un tambor que representa la voz de Dios.
Al mismo tiempo, el caporal baila sobre la estrecha plataforma, sin una cuerda de seguridad, girando hacia los cuatro puntos cardinales, comenzando por el Oriente, donde se origina la vida.
Al mismo tiempo, el caporal baila sobre la estrecha plataforma, sin una cuerda de seguridad, girando hacia los cuatro puntos cardinales, comenzando por el Oriente, donde se origina la vida.
Al llegar los danzantes a tierra, el caporal desciende, ayudándose con una cuerda. Una vez abajo, baila con los demás y toca el Son de la Despedida.
La danza de los voladores de Papantla es una ceremonia de fecundidad que comienza desde el acto de la elección del árbol, el cual se corta pidiéndole permiso al Dios del Monte (Quihuicolo); este árbol es el que se utiliza para hacer el poste. Dicho árbol se llevaba en procesión hasta la aldea, en donde se le cortan las ramas y hojas; esto se hace en medio de múltiples ceremonias en las cuales se tocan diversos sones como el son de la calle y el son del perdón, los cuales eran ejecutados con un pequeño tambor y una flauta de carrizo. Las personas encargadas de la ceremonia deben permanecer en ayuno desde antes de la elección del árbol hasta la culminación de la ceremonia que es con la danza del vuelo.
El origen del vuelo ceremonial de los “hombres pájaro” se perdió parcialmente cuando los conquistadores españoles destruyeron muchos de los documentos y códices históricos de las antiguas culturas indígenas. La información sobre el ritual original ha sobrevivido gracias a la tradición oral y a algunos materiales escritos por los primeros visitantes que llegaron a la Nueva España.
Durante la Conquista, la Iglesia luchó fuertemente contra lo que consideraba prácticas paganas y los rituales indígenas fueron silenciados o celebrados en secreto. Más adelante, se combinaron las creencias nativas con las católicas, surgiendo un sincretismo religioso.
La danza de los voladores se consideró un juego interesante en la Nueva España y durante la Colonia fueron construidas algunas plazas especiales para que los voladores se presentaran ante el público curioso.
En virtud del falso carácter que los españoles insistían en darle a la danza, los voladores hicieron creer que se trataba de una actividad lúdica para ejecutarla libremente, pero no pudieron evitar que los ojos de los frailes, que la consideraban una invención del demonio, estuvieran puestos sobre ellos.
La danza de los voladores se consideró un juego interesante en la Nueva España y durante la Colonia fueron construidas algunas plazas especiales para que los voladores se presentaran ante el público curioso.
En virtud del falso carácter que los españoles insistían en darle a la danza, los voladores hicieron creer que se trataba de una actividad lúdica para ejecutarla libremente, pero no pudieron evitar que los ojos de los frailes, que la consideraban una invención del demonio, estuvieran puestos sobre ellos.
Aunque se ha reconocido a la fecundidad como un atributo más femenino que masculino, durante siglos se había dejado a las mujeres fuera del ceremonial. Sin embargo, entre los grupos renovadores ya existen mujeres voladoras, como las de Zozocolco, Veracruz, y de Cuetzalan, Puebla.
