miércoles, 7 de diciembre de 2011

Las danzas del totonacapan

La diversidad de las danzas es una muestra de este bagaje cultural y artístico. Sus diferencias  regionales, sub-regionales y municipales en ejecución, vestuario, instrumentación y son musical, las hacen más ricas, variadas y multicolores.


Prueba de lo anterior es este mosaico de expresiones que inunda Cumbre Tajín para mostrar el agitado rostro de la danza en el Totonacapan: cada una de estas coreografías está sustentada en la cosmogonía y es una interpretación particular del mundo. 


A lo largo del año, durante las fiestas patronales, los totonacos confirman su tradición, la revitalizan y la heredan: el nuevo danzante inicia su aprendizaje con la mirada, lo extiende al escuchar la historia y lo culmina con la apropiación de los símbolos y los misterios.




Voladores: Kgosnin


Danza prehispanica de ritual al sol y la fertilidad. Los intrépidos hombres voladores se tienden en el espacio, al compás musical de los sones surgidos del silvestre carrizo y el sonsoneo del tamborcillo, descienden del palo volador (sakatkiwi) 18 a 30 metros, como si fueran "pajaros y mariposas que bajaban al libar el nectar de las flore".



Huehues y Tejoneros
Lakgakgolo y Sitkam

Ritual al maíz y representación de la caza del tejón y el pájaro carpintero que dañan los cultivos. Las variantes crean confusión: generalmente, los huehues escenifican pasajes de la vida de San José, la virgen María y el niño Jesús, mientras bailan en círculo, acompañados por la música del violín y las
guitarras, vestidos como mujer. Por su parte, los tejoneros  usan pantalón y camisa mestiza.

Negritos



Danza poscolonial. Se distingue por su vistosa indumentaria negra con centellantes chaquiras y lentejuelas. Los danzantes marchan tras la maringuilla, zapateando al son de la música del violín y la guitarra. Es el ritual africano adaptado por el ingenio del indígena totonaco, o la ceremonia de la muerte de Quetzalcóatl conservada bellamente en la región totonaca.
Malintzin

Danza poscolonial, empleada por los evangelizadores a través de obras teatrales con el fin de consolidar la Conquista en la consciencia del indio: representa el recibimiento del emperador Moctezuma al conquistador Hernán Cortés. El personaje central es la Malintzin, mujer indígena que, utilizando su gran astucia, gracia e inteligencia, convence al emperador de recibir a Cortés en sus dominios.

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